euskadi-opinion

Koño de krio ¿ke kompones kon el teklado? ¿No krees ke ya kaskan tus kuentos?

Monday, January 12, 2009

pues eso

Pues eso, que la política para los políticos. ¡Que cansancio! ¡Qué pérdida de energía para acabar en el mismo sitio! Ellos no se cansan nunca, porque son descendientes del divino profeta y tienen una misión sagrada. Pero los demas, nos aburrimos, nos hastiamos, nos cansamos, estamos hasta los cojones, gritamos que vale, que para ti la burra y los cuatro reales, pero no se acaba, sigue, porque además de la burra quieren tus tripas, y además quieren que les digas que ¡qué buenas personas sois!. Todo bondad mientras te aplastan, te vituperan, te vapulean, te humillan y te desvencijan. Te mantienen con vida sólo para que des testimonio de su humanidad.

Sunday, January 04, 2009

el silencio de los corderos

Nosotros somos los corderos, no nos equivoquemos. Toca crisis. Nos han estado ordeñando durante años, engordando precios, hipotecas, creditos eternos (30, 50 años) y los corderos finalmente se están muriendo, las vacas no damos más leche, no nos pueden exprimir más y los ladrones de guante blanco se suicidan. ¡Brindo por ello! Yo, por mi parte, me doy por jodido. Toca silencio, sentarse en banco delante del quicio de la puerta y ver pasar los cadáveres.

Monday, March 05, 2007

¡ole tus huevos!

Extraido del Diario Vasco

El totalitarismo euskaldun
VICENTE CARRIÓN ARREGUI/PROFESOR DE FILOSOFÍA

Cuando en los estertores del franquismo se propagó el entusiasmo por revitalizar el euskera, era muy nítida la voluntad de reparar el agravio sufrido por quienes habían sido impedidos de expresarse en su lengua natal. Eran pocos, sí, pero simbolizaban las ansias de libertad del pueblo vasco. Hoy, a los 25 años de la Ley de Normalización del Uso del Euskera - a la que tanto contribuyó Fernando Buesa- ya no son tan pocos los euskaldunes y no corre peligro su derecho de expresión pero, ay, se diría que la tortilla ha dado la vuelta y están en entredicho los derechos de muchos vascos, la mayoría, de expresarse en su lengua materna, el castellano en el que nacen, viven y mueren desde hace siglos.

Al arrimo de los entusiasmos de la Transición democrática se acuñaron muchos mitos sobre nuestro pasado. Uno de los más grotescos fue atribuir a la represión franquista la pérdida del euskera. La oportuna identificación nacionalista del ser vasco con el ser euskaldun hizo el resto. La recuperación del euskera se convirtió en el nuevo evangelio y en la condición tácita para que los inmigrantes y sus descendientes se integraran sin complejos en la sociedad vasca. Había otras variantes: hablar castellano con impostado acento euskaldun o ser más 'borrokilla' que nadie para compensar los fracasos en el euskaltegi, pero no quiero extenderme.

Sólo quiero decir que estoy harto del negocio institucional que ha montado el nacionalismo a partir de mentiras colosales. Somos demasiados los ciudadanos oriundos del País Vasco que hemos vivido generaciones y generaciones en castellano sin que nadie nos impidiera trabajar o escolarizarnos por ello. El euskera es residual en Álava desde hace varios siglos y de mi Donosti natal, salvo en el puerto, en el mercado y en algunas canciones -una mención especial para el Gure Aita de la misa de Capuchinos-, tengo muy pocos recuerdos infantiles del vascuence, como se decía entonces. Pero la mentira social que hemos contribuido a crear, por activa o por pasiva, nos invita a sospechar de nosotros mismos, como si hubiera alguna impostura en ser de aquí y no saber euskera. Imperceptiblemente, estamos pasando de defender el derecho a expresarse en euskera al deber de hacerlo, so pena de padecer perjuicios laborales, profesionales, educativos y demás. Por inevitable que a muchos les parezca, me niego a aceptar dicha situación porque, al igual que denunciábamos la represión lingüística de los euskaldunes en la escuela franquista, me parece una aberración negar el derecho de todo individuo a educarse en su lengua materna. Por mucho que lo llamemos inmersión en vez de represión, ello contraría las recomendaciones de la Unesco y el sentido común de todos esos padres que no pueden ayudar a sus hijos con los deberes escolares. Eso sólo tiene un nombre, totalitarismo, porque se pide a los individuos que sometan su realidad individual y tangible a los proyectos colectivos y virtuales de unos cuantos visionarios que sueñan con un monolingüismo euskaldun que ni ha existido ni existirá nunca.

Pero lo más hiriente es la parte de negocio que el nacionalismo vasco se juega en este empresa. Haciendo del euskera condición de la identidad vasca, se han hecho con un funcionariado a su medida y distorsionan la competencia profesional de profesores, sanitarios y tantos otros oficios a favor de esa elite perfectamente euskaldunizada que está copando el mercado laboral vasco en detrimento de tantos profesionales excelentes que han de dejar su tierra natal por el delito de haberse equivocado de lengua materna.

En el ámbito educativo, el que mejor conozco, es lamentable que toda la atención del Departamento se concentre en los modelos lingüísticos y en el currículo vasco -ese sesudo esfuerzo por ocultar la palabra España y la inserción institucional del Gobierno vasco en la Constitución española-, tan ensimismados ante lo vasco, con mayúsculas, que apenas quedan energías para cuestiones como el fracaso escolar, la integración social de los emigrantes, las innovaciones didácticas o la desmoralización y desmotivación del profesorado. Dirán las estadísticas que la euskaldunización va bien, y me alegro, pero me apena que cada vez haya más personas, y me incluyo, capaces de manejar el euskera como herramienta laboral o estudiantil pero que no lo hablan habitualmente porque se sienten más cómodos, libres y competentes en castellano así como afectivamente distantes de un euskera impuesto por obligación, corrección o amenazas. Creía haber oído a nuestra consejera de Cultura algo sobre la dimensión afectiva de las lenguas, pero me habré confundido. No se explica si no que exijan Perfil Lingüístico (PL) 2 a los profesores de castellano, inglés o fagot, que la baremación del euskera sea tan abusiva en las oposiciones de Osakidetza o que el Plan Vasco de Cultura desampare todo lo que sea creación cultural en castellano y subvencione tan desmedidamente todo lo que lleve label euskaldun.

No es de extrañar así que veamos a tantos jóvenes y no tan jóvenes marchar de Euskadi a estudiar y trabajar fuera. Esto será muy bonito, pero la atmósfera es irrespirable para quienes no compartimos las prioridades institucionales de inversión pública. Lo que se invierte en un sitio no se invierte en otro y, también por propia experiencia, es un disparate el dineral que nos estamos gastando en euskaldunizaciones forzosas cuando hay necesidades como vivienda, trabajo y servicios sociales mucho más perentorias. Pero lo más sangrante es comprobar su carácter virtual, tener la certeza de que quienes defienden la trascendencia histórica de tal esfuerzo luego hacen los negocios en castellano, cuentan el dinero en castellano, toman las decisiones importantes en castellano y se permiten decir puertas afuera qué importante es no hacer lo que ellos hacen puertas adentro.

Mentiras, falacias e intereses que vienen prolongándose hace muchos años al amparo de la buena voluntad de la mayoría de la población que aprecia la riqueza implícita a la pluralidad lingüística y al amparo también, todo hay que decirlo, de los pistoleros que nos quieren euskaldunizar a tiro limpio. Pero los totalitarismos nunca aguantan demasiadas décadas. La realidad es tozuda y acaba imponiéndose a los delirios colectivos. Las lenguas salen del corazón y no es natural que dos personas prefieran hablar mal entre ellas pudiendo hablar mejor sólo porque quieran construir un futuro que no verán. Eso sólo tiene sentido con afecto y buen humor. No será con discriminaciones laborales ni con imposiciones educativas como conseguirán que el euskera se desvincule de las ideologías que tanto daño le están haciendo. Para que tus hijos oigan de tu boca una lengua aprendida o para que te ilusione aprender la lengua que enseñan a tu hijo en la escuela hace falta cariño, ilusión y mucho respeto a la lengua madre de la mayoría y mucha menos mala baba a la hora de dificultar el ejercicio laboral de todos aquellos profesionales que no necesitan tanto título ni erudición gramatical para trabajar en euskera y en castellano. El día en que se generalice la posibilidad -en la calle, en los medios de comunicación, etcétera- de que uno hable en su lengua preferida y el otro le conteste en la otra y ambos hagan un esfuerzo para no cortar la conversación y para prolongarla si es preciso, ese día será un gran día. Ikusiko ote diogu?

Saturday, February 03, 2007

dignidad

Ustá, nos ná!
nos chicha ni limoná
se lo pasa mangoneando, caramba samba, su dignidad

Quizá alguien lo recuerde, de hace muchos años, de un cantante al que le cortaron las manos para que no pudiera tocar la guitarra, antes de matarlo.

Pues sí, curiosamente identificaba a la gente que porta como estandarte su dignidad y se indigna cuando se la tocan, cuando algo deja ver que son terrenales.

Curiosamente, el cantante aquel era progre y de izquierdas, de las marxistas, de las de los pobres, como la iglesia aquella de los pobres, curioso, curioso.

SI el cantante aquel leyera los diarios de esta piel de toro (piel de cabra más bien) ¿se le atragantarían las canciones?

Thursday, November 30, 2006

el show de truman

La escena final de la película.

Truman se gira, sonrie y dice su frase:

"Por si no nos volvemos a ver, buenos días, buenas tardes y buenas noches"

Hace y una reverencia, y, con un gesto definido de decisión, atraviesa el umbral de la puerta de salida del universo que le ha servido de matriz hasta la eclosión de su personalidad.

Hay una diferencia entre Truman y yo. Truman abandonaba la escena para encontrar su dignidad de Hombre. Yo dejo mi dignidad en la escena.

Sunday, May 01, 2005

silencios

Existen muchas clases de silencios.
El silencio indiferente.
El silencio del emboscado.
El silencio del miedo.
El silencio de la oración.
El silencio que confabula.
El silencio del que sabe que sus palabras no van a ser oidas.
El silencio del que contempla la injusticia y la deja pasar.
El silencio de quien ataca por la espalda.
El silencio de la mirada de quien conoce lo que te espera.
El silencio de la esperanza y la desesperanza.
El silencio del que sabe más que tu.
El silencio del rencor que se fermenta en rincones oscuros del alma.
El silencio de la vergüenza de la víctima.
El silencio que espera venganza.
El silencio de la angustia.
El silencio que espera pasar desapercibido.
El silencio de un atardecer anaranjado en la bajamar quieta.
El silencio de la incertidumbre.
El silencio del que sabe lo que quiere.
El silencio del que espera al inevitable verdugo.

El silencio lleno de palabras, palabras como ladrillos, palabras como piedras de silleria. Palabras que construyen muros, muros que ocultan lo que se quiere silenciar.
Palabras que construyen monumentos, monumentos que descansan sobre criptas, criptas que encierran la palabra que se quiere silenciar.

Todos los silencios conviven en el Pais Vasco.
En Euskadi reina el silencio.

Las ideas amordazadas por las consignas.
La bondad ahogada por el mito.

El Pais Vasco es un paramo desolado de silencio que sueña con ser un prado de verdor inmaculado donde pastan felices las vacas sagradas.
En Euskadi conviene el silencio. Conviene mantenerse en silencio.

Calla mi niño calla, que la bestia ronda.

En el Pais Vaco explota el silencio con un trueno sordo y oscuro que rebota en las entrañas y en los genitales.

En Euskadi el silencio derrite las mielinas que rezuman su diarrea de razonamientos initeligibles.

En el Pais Vasco el silencio esta lleno de los ecos de las palabras que rebotan en las paredes de los craneos, pequeños diablos hirientes incansables. Los craneos de la buena gente que sólo quiere reproducirse, comer y trabajar. La buena gente que te dice que es mejor callar.

Saturday, April 23, 2005

el cuento de los destinos

Querido nieto, voy a contarte un cuento, no para arrullarte sino para mantenerte despierto.
Es un cuento sobre la muerte y sobre la mentira.

Hace muchos, muchos años, casi cien años, hubo una guerra en ese sitio que se llamaba España, que había tenido reyes y luego volvió a tenerlos, pero de otra manera. En aquel entonces no tenía rey, porque el último era débil y fue expulsado. Había una república y un general gallego que estaba en Marruecos se rebeló, montó la guerra y la ganó. Fue el dictador (le llamaban el generalísimo, es que los militares nunca destacan por su imaginación) durante 40 años y murió en la cama de viejo. Una muerte horrible, como si quisiera pagar todos sus pecados antes de morirse, rodeado de doctores y máquinas.

Pero mi cuento no trata del general. Mi cuento trata de tus tatarabuelos y tus bisabuelos.
Mi abuelo, que era tu tatarabuelo, tenía dos hermanos. Eran gallegos, porque ya sabes que parte de tu herencia viene de esa esquina de la península. Tu tatarabuelo era marinero, estuvo enfermo y murió joven de una enfermedad degenerativa después de engendrar siete hijos. Cuando todavía estaba sano embarcó en Pasajes , Trintxerpe, durante algún tiempo. Me contó tu bisabuela que una vez se cayó al mar enredado en las redes, sobrevivió pero nunca volvió a ser el mismo. Después volvió a Galicia y creo que empezó a morir.

Entretanto, los dos hermanos de tu tatarabuelo seguían viviendo en Pasajes, uno tenía un bar en La Herrera. En ese tiempo, se sublevó el general y tus tio-tatarabuelos fueron desde Pasajes a Bilbao escapando de los nacionales que llegaban por Pamplona e Irún. Cuando llegaron a Bilbao, ya los nacionales controlaban el puerto (llegaron por mar) y tuvieron que pasar por un control. Querían llegar a Galicia. En la cola, primero le preguntaron a uno de los hermanos cual era su bando. No se lo que dijo, pero dijo lo que no correspondía, y lo mataron delante de su hermano. Cuando le preguntaron, el segundo hermano dijo lo que hacía falta decir para sobrevivir. Eran gallegos. No eran nacionalistas vascos.

El segundo hermano fue a navegar y enamoró a una sueca, se quedó a vivir en Bilbao y para mi siempre fue "el tío sueco". Se murió sin hijos y anciano.

Los hermanos de tu abuela eran marineros. Uno de ellos era marinero en un transporte de tropas que se dirigía a Cartagena. Hundieron el barco y se salvo porque el tablón al que se habían agarrado unos en su desesperación volvió a flotar cuando ellos se hundieron. No era un soldado, apenas sabía leer y no tenía ideología. La casualidad de salvarse le convirtió en un heroe accidental cuando "liberaron" Cartagena. Murió de viejo en Trintxerpe, después de consumir su vida en el mar.

Tu tatarabuela era una dama que se casó, por esos malentendidos de las novelas, con un cashero de Ikaztegieta que tenía un bar y que la hizo desgraciada.

Su bisabuelo, el padre de tu abuela, fue gudari. Tu bisabuela guardaba orgullosa una foto de tu bisabuelo gallardo en una moto. El nacionalismo vasco se rindió rápidamente al llegar el generalito, y se acabó la guerra en esta región. Siguieron las masacres en el resto de la península. Tu bisabuelo era nacionalista y murió de gota en la cama relativamente joven. Tu bisabuela sacó adelante con una pastelería la familia y fué una anciana admirable por su vitalidad.

Pero el cuento no acaba aquí. Cuando se murió el general, llegó un rey y llegó la democracia. Y algunos nacionalistas vascos, que habían prosperado notablemente durante el mandato del "caudillo" (otro nombre que les gustaba a los militares) empezaron a decir que todos los muertos de la guerra habían sido de los suyos y que sólo ellos habían sufrido bajo la bota del general. Acusaban a todos de ser "franquistas, españolistas, invasores" pero escondían su historia. Tu conoces la tuya, al menos en parte.

Cuidate de la mentira y de aquellos que tienen siempre la razón.

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